Para los hindúes toda la naturaleza es sagrada: los ríos, los árboles, las montañas, los animales, el océano y cada ser humano. Los poderes de la naturaleza son dioses, como el trueno, el océano, el sol, las estrellas, entre otros.

Uma, la naturaleza, es una palabra sánscrita. Es uno de los nombres de Parvati, la consorte de Shiva. Uma nace de la consciencia inmutable de Shiva. La naturaleza es hija del Poder Supremo.

Los árboles son seres vivos inofensivos que aportan muchos beneficios a todos los seres: oxigeno, frutos, protección, sombra, sus hojas o sus troncos son medicinales y sus raíces impiden la erosión de la tierra, sus ramas son hogar para multitud de seres.

Cuando el ser humano estaba más vinculado a la naturaleza, y sufría más de cerca la ferocidad de la misma, también la respetaba más. Al adquirir dominio sobre la misma, se cree que es su dueño y señor. No obstante, podemos observar en las últimas décadas,  que hay un karma natural, la naturaleza se equilibra generando desequilibrio para el ser humano. Es simplemente la consecuencia de la codicia humana la que ahora genera sequias, calentamiento global, aire irrespirable y otras nefastas consecuencias.

La adoración a los árboles se hace por diferentes motivos. El más elevado e importante es para obtener la liberación del ciclo de samsaranacimiento y muerte, moksha. Otro motivo es el cumplimiento de los deseos propios o de otros. Esta devoción está vinculada con rituales que se realizan con sentimiento, como las pujas – ofrendas.

 

Pero entonces, ¿por qué la India está tan sucia?

 

Cuando los extranjeros viajan a India se asombran por la cantidad de plásticos que se pueden encontrar en todas las partes. Incluso en los lugares más recónditos hay suciedad y plástico. Los ríos están extremadamente sucios debido a las industrias. Muchos animales viven en basureros, literalmente, comiendo plásticos. Muchas personas no tienen acceso a agua potable, comida limpia y un hogar libre de suciedad.

La India está sucia porque estos valores fundamentados en una cultura muy antigua, qué sigue viva, gracias a los millones de personas que viven bajo su paraguas, en parte se han dejado de practicar.

La llegada del plástico, el uso de carburantes, entre otros “avances” han sido considerados como progreso, y no ha habido apenas intentos de frenar la contaminación, ya que se justifica que es necesaria para que el país pueda crecer económicamente. Esto junto con la manipulación de la clase política y las clases dominantes, mantienen la desinformación del pueblo en general, en relación al hábito de reciclar, de consumir menos plásticos, de no tirar los plásticos al rio o a la carretera.

Actualmente vivo en Kerala, en el Sur de la India. Es uno de los estados más limpios donde he estado, pero aun así no está libre de plástico. No hay recogida de basura en los pueblos. Los residentes tienen que quemar sus desperdicios no orgánicos. Esto supone una gran causa de contaminación para el aire y la tierra.

 

Si los árboles son adorados, también lo deberían ser sus habitantes, la tierra que habitan o los animales que se sientan a su sombra. El verdadero devoto es una persona compasiva, que cultiva el respeto y proclama la no violencia en cada uno de sus actos. No es un devoto el que busca solo el beneficio propio en la devoción, sin honrar a Uma, la naturaleza.

 

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